La inteligencia artificial está acelerando una transformación que ya se intuía desde hace años: en numerosos sectores, competir ya no depende únicamente del conocimiento técnico o de la calidad del servicio, sino también de la capacidad de invertir, innovar y adaptarse con rapidez. Y para ello, el tamaño importa.
Esta es una de las principales reflexiones que puede extraerse tanto del reciente documento del Banco de España sobre adopción de la inteligencia artificial como del artículo de opinión publicado por Josep Maria Romanaces bajo el título «La empresa familiar y la IA», donde se plantea una cuestión de enorme trascendencia para el futuro de las empresas europeas:
Europa pierde peso en la economía mundial
Europa sigue siendo una de las grandes economías del mundo, pero su peso relativo se ha ido reduciendo de forma constante durante las últimas décadas.
Tal y como señala el artículo de Josep Maria Romanaces en La Vanguardia, los 27 países de la Unión Europea representaban el 21,4% del PIB mundial en el año 2000, mientras que en 2025 esa participación se habría reducido hasta el 17,9%. Paralelamente, otras economías como China han multiplicado su relevancia global. Esta realidad ha llevado a situar la competitividad empresarial como una prioridad estratégica para Europa.
En este contexto, el conocido Informe Draghi plantea tres grandes prioridades:
- Cerrar la brecha de innovación frente a Estados Unidos y China.
- Compatibilizar la transición energética con la competitividad empresarial.
- Reducir las dependencias estratégicas europeas.
La inteligencia artificial aumenta la importancia del tamaño
Los datos del Banco de España muestran que la adopción de la IA no está siendo homogénea. Mientras las grandes empresas ya presentan niveles de utilización cercanos al 70%, las pymes se sitúan todavía entre el 30% y el 35%. La brecha no se está reduciendo.
Más relevante aún es observar qué empresas están adoptando la IA con mayor éxito. El estudio concluye que las empresas que utilizan IA presentan:
- Mayores niveles de productividad.
- Salarios más elevados.
- Mayor inversión en activos intangibles.
- Más capacidad organizativa y tecnológica.
La conclusión es evidente. La inteligencia artificial no es únicamente una cuestión tecnológica. Es una cuestión de recursos, talento, inversión y capacidad de transformación organizativa. Y todas estas capacidades suelen estar más presentes en organizaciones con mayor dimensión.
Europa necesita más empresas grandes
Una de las debilidades estructurales de la economía europea es la fragmentación empresarial. Europa cuenta con excelentes profesionales, conocimiento, universidades, estabilidad jurídica y capacidad innovadora. Sin embargo, continúa teniendo dificultades para generar empresas de gran tamaño capaces de competir con los gigantes estadounidenses o asiáticos.
La integración de mercados, la eliminación de barreras transfronterizas y la consolidación empresarial aparecen cada vez más como instrumentos necesarios para ganar competitividad.
No es casual que las operaciones de fusión y adquisición estén adquiriendo un papel protagonista en muchos sectores. Como señala el artículo de Josep Maria Romanaces, ante la disrupción tecnológica existen dos caminos: transformarse orgánicamente o ganar dimensión mediante procesos de integración y concentración empresarial.
Una reflexión para los despachos profesionales
Si estas conclusiones son válidas para la economía en general, probablemente lo son todavía más para el sector de los despachos profesionales.
Durante décadas, muchos despachos han podido competir gracias al conocimiento técnico de sus socios, la cercanía con los clientes y la especialización de sus profesionales. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial está modificando algunas de las reglas fundamentales del sector.
Los clientes ya están comenzando a incorporar herramientas de IA en sus propios procesos. El Banco de España confirma que la adopción empresarial se está acelerando y que las compañías esperan profundizar significativamente su utilización durante los próximos años. Esto significa que los clientes serán cada vez más digitales, más informados y exigentes.
Frente a este escenario, muchos pequeños despachos pueden encontrarse con dificultades para afrontar determinadas inversiones:
- Plataformas tecnológicas avanzadas.
- Herramientas de inteligencia artificial especializadas.
- Sistemas de automatización documental.
- Ciberseguridad.
- Formación continua de los equipos.
- Captación y retención de talento especializado.
El tamaño deja de ser una cuestión de prestigio para convertirse en una necesidad competitiva
Históricamente, muchas operaciones de integración entre despachos se justificaban por razones de crecimiento o posicionamiento de mercado. Hoy la situación es diferente. Cada vez más, ganar tamaño significa disponer de capacidad para:
- Invertir en tecnología.
- Incorporar especialistas.
- Desarrollar nuevos servicios.
- Gestionar riesgos regulatorios.
- Mejorar la experiencia del cliente.
- Aprovechar la inteligencia artificial de forma eficiente.
El reto estratégico de la próxima década
La principal enseñanza que dejan tanto las reflexiones sobre la competitividad europea como los datos del Banco de España es que la transformación digital y la inteligencia artificial tienden a premiar a las organizaciones capaces de combinar tres factores: talento, tecnología y escala.
Para los despachos profesionales, esto obliga a formular una pregunta estratégica que probablemente marcará la próxima década:
La respuesta será distinta para cada despacho. Lo que parece cada vez más evidente es que la discusión sobre el tamaño ha dejado de ser un debate corporativo para convertirse en una cuestión de supervivencia competitiva.
Fuentes
- «El uso de la inteligencia artificial por parte de las empresas españolas: avances recientes y factores asociados a su uso», Jacob Hess y Diana Posada Restrepo, Banco de España, Documento nº 2624 (octubre de 2026).
- Artículo de opinión «La empresa familiar y la IA», de Josep Maria Romanaces, publicado en La Vanguardia.





