La dificultad de valorar un despacho profesional

La dificultad de valorar un despacho profesional

Todo empresario tiene interés en conocer cuánto vale su empresa o negocio, sin embargo, no basta con la información que se recoge en los estados contables, para valorar un despacho profesional,  y para el socio de un despacho profesional esto no es una excepción.

Asignar valor a un negocio “vivo” cuya gestión y resultados pueden variar según numerosos factores internos y externos, tangibles e intangibles, económicos, sociales, tecnológicos, productivos, laborales, legales y de mercado, con mayor o menor influencia del equipo humano, no es una tarea sencilla.

La determinación del valor de un negocio, de una empresa, de un despacho, se hace indispensable en situaciones como el ingreso o la retirada de socios, en transacciones de compraventa, en la división de patrimonios por herencias o testamentos, en la evaluación de la gestión de la administración cuando el objetivo básico de los propietarios es maximizar la rentabilidad de los recursos propios, en la toma de decisiones estratégicas que afecten a la continuidad de la empresa (fusiones, adquisiciones, alianzas estratégicas), así como en la elaboración de planes estratégicos.

No confundir valor con precio

Es importante distinguir entre valor y precio.

Una misma empresa tiene distinto valor para diferentes compradores y para el vendedor, en tanto que el precio es la cantidad que acuerdan tanto vendedor como comprador al concretar una operación de compraventa.

Dicho de otro modo, el valor no es un hecho, sino que debido a su subjetividad es una posibilidad, en contraposición al precio, que es una realidad.

Valorar un despach0 profesional requiere tomar en consideración las peculiaridades que se derivan del servicio o asesoramiento que se presta.

Dichas prestaciones, en definitiva, presuponen básicamente una aportación de conocimientos como núcleo básico de las mismas.

De tal manera, que otros elementos que pudieran ser tomados en consideración de forma muy relevante en otras empresas, en los despachos profesionales se convierten en meramente accesorios, adjetivos, como si se tratase sólo del envoltorio del producto, que no es otro que el asesoramiento o servicio propiamente dicho.

Y es que, en verdad, el valor que se transfiere al cliente, esto es, al destinatario del servicio del despacho profesional, constituye, en esencia, su objeto, finalidad y su razón de ser, con independencia del nivel de complejidad de la estructura societaria que se haya creado.

En ese sentido, los despachos profesionales, en función del número de profesionales pueden clasificarse en despachos individuales y colectivos, y éstos, a su vez, pueden ser clasificados conforme al grado de cohesión de sus miembros.

El abanico de posibilidades, por tanto, va desde un despacho individual, a la antigua usanza, en el que un único profesional presta ciertos servicios, hasta el macrodespacho multidisciplinar.

Aunque no suponga una categoría especial propiamente dicha, a los efectos de valoración, conviene distinguir también aquellos despachos que son esencialmente individuales, que existe un único socio el cual tiene colaboradores y empleados, de aquellos en que existen varios socios, o de las situaciones en que varios profesionales comparten determinadas instalaciones con el objetivo de conseguir unos costes inferiores.

La dificultad de valorar un despacho profesional

Si hemos dicho ya que el valor que crea un despacho profesional se constituye en su conocimiento, experiencia y forma de asesoras o prestar los servicios, se comprende fácilmente que su valoración no dependa tanto de elementos físicos tales como las instalaciones.

Sí, en cambio, corra parejo a elementos de difícil cuantificación como la preparación profesional, el nivel alcanzado en la llamada “curva de aprendizaje”, etc.

Efectivamente, a diferencia de otras empresas, el producto del despacho profesional es un bien intangible, que lleva asociado la calidad que le ha transmitido el profesional.

Nótese, en esa misma línea, que, si en cualquier Empresa el denominado “fondo de comercio” determina una parte importante de su valoración, no ocurre igual (al menos, no en la misma medida) cuando de un despacho profesional se trata.

En efecto, como quiera que el servicio es el valor y el valor depende del profesional, es obvio que no resulta fácil valorar el “fondo de comercio” de un despacho profesional.

El producto de una industria, pese a la venta de la sociedad que lo producía, puede razonablemente mantenerse de forma idéntica, de tal manera que para los destinatarios del producto resulte indiferente o inocua dicha venta.

Por el contrario, la transmisión de un fondo de comercio ligado a un despacho profesional no permite asegurar que la clientela se mantenga.

Así, es obvio que en los despachos individuales o en los colectivos de pequeño o mediano tamaño, los profesionales que los integran son difícilmente sustituibles.

Quiere decirse que en este tipo de despachos la relación de confianza se traba o establece de forma directa entre el prestador y el receptor de los servicios, hasta el punto de identificarse el despacho con la persona o personas.

Lo que lleva a la conclusión de que en tales despachos la desaparición del titular o titulares (por ejemplo, por abandonar la profesión) puede provocar la extinción del despacho, lo cual acarrea repercusiones en la valoración de tales despachos.

Los despachos profesionales son empresas muy peculiares

Por tanto, los despachos profesionales son empresas muy peculiares.

Cuánta más antigüedad tenga más probabilidad tiene de seguir funcionando, cuánto más grande sea menor será el riesgo provocado por la pérdida de clientela, o por la pérdida de un buen colaborador.

A diferencia de otras empresas, para un despacho el papel de los colaboradores y de los socios es decisivo.

La imagen del socio/colaborador va ligada a la imagen del despacho. El despacho sabe que perder un buen socio o colaborador significa que lo gana la competencia.

Lo más probable es que el socio/colaborador se lleve una buena parte de los clientes a los que presta sus servicios.

La valoración de un despacho profesional depende de la continuidad de esos buenos profesionales.

Claro es que cuanto más grande sea el despacho, más antiguo, y más consolidada esté “su marca” más difícil será que en la emigración el colaborador se lleve clientes.

No hay que olvidar que en muchas ocasiones se exige cumplir unos requisitos profesionales y legales.

Por ejemplo, que la mayoría del capital social esté en manos de los profesionales en cuestión, y que, además, el administrador reúna los requisitos exigidos por el colegio profesional al que pertenecen.

Para complicarlo algo más, las diferencias entre los datos contables-fiscales y la realidad puede ser bastante más grande que la apreciada en otro tipo de empresas.

Pretender valorar un despacho profesional, implica conocer bien el despacho, el sector, y tener en cuenta todos estos aspectos que hemos comentado

Por qué motivo un buen abogado decide crear su despacho en lugar de ofrecer sus servicios a una empresa o trabajar para un despacho ya creado.

La respuesta a esta pregunta nos estará acercando al valor de lo que él espera como retribución (actual y futura), nos acerca a la tasa de descuento de los ingresos netos futuros, al valor del despacho.

Título completo: La dificultad de valorar un despacho profesional si se quiere vender (*)

(*) Maria Reyes Pérez. Socia directora de Fidias Actuarios.

 

Para profundizar:

Fondo de comercio de un despacho profesional